Cuando la izquierda, en aras de su sincera diversidad, se atomiza en multipartidos multiinútiles electoralmente, le hace precioso juego a la derecha monolítica y disciplinada. Si queremos que la sociedad no se desentienda, que no aumente su pasividad y aislamiento, necesitamos una opción política (de izquierdas, sino no diría nada), atrevida a la manera islandesa, que pida responsabilidades y recupere todo lo que estamos perdiendo en cascada ante la mafia institucionalizada. En el período crítico en el que vivimos, no organizar la izquierda en algo politicamente viable y atrevido, me recuerda a aquel suicidio colectivo ante la cruz, tan autodefinido de Monty Python en "La vida de Brian", como metáfora de los heroicismos inútiles.
Los movimientos sociales se han retirado a reflexionar, a crear mundos paralelos (de los que os iré dando cuenta por su gran utilidad) para usuari@s TIC (eso, l@s valientes que se han quedado y no han cogido ya las maletas hacia otros mundos).
Si no queremos acabar en los envoltorios de los caramelos, en el humor de Polonia, o en referencias históricas o bibliográficas a lo que fue aquello, hay que tomar el poder. Si se quiere para repartirlo, para hacerlo 2.0, o para lo que sea. Tahrir aportó mártires, ideólog@s, movilizador@s, pero no son ell@s los que ocupan el poder ahora. Con los salafistas pisando los talones a los Hermanos Musulmanes, podemos imaginar en lo que se convertirá su democracia: déjà vu.
No tenemos miedo, somos lúcid@s, hagamos los posibles para sacar de nuestros corazones ese modelo de mundo que tiene derecho a algo más que a quedarse en un precioso diseño. No seamos sólo arquitect@s, seamos también albañiles, si la herramienta se llama "política", usémosla con inteligencia. Tenemos cuatro años, para reflexionar, organizar, comprometernos y, mientrastanto, no desesperar. Pero sobre todo, unid@s.
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